La festividad del Corpus Christi es una de las celebraciones más importantes dentro de la tradición cristiana católica. Su nombre proviene del latín Corpus Christi, que significa Cuerpo de Cristo, y está dedicada a honrar la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía. A lo largo de los siglos, esta solemnidad ha adquirido un profundo valor religioso, cultural y social en numerosos países del mundo, especialmente en España y América Latina.
La celebración combina elementos litúrgicos, procesiones solemnes, expresiones artísticas y tradiciones populares que convierten al Corpus Christi en una manifestación viva de fe y patrimonio cultural.
La institución de la fiesta del Corpus Christi se remonta al siglo XIII. En aquella época existía un creciente interés teológico por reafirmar la doctrina de la presencia real de Cristo en el pan y el vino consagrados durante la misa.
La inspiración principal surgió gracias a Juliana de Cornillon, una religiosa agustina nacida en Bélgica que promovió la creación de una festividad especial dedicada a la Eucaristía. Según la tradición, Juliana tuvo visiones místicas en las que se le pedía establecer una celebración para honrar el Santísimo Sacramento.
En 1264, el papa Urbano IV instituyó oficialmente la solemnidad mediante la bula Transiturus de hoc mundo. La decisión estuvo influida también por el llamado Milagro de Bolsena, ocurrido en Italia, donde según la tradición una hostia consagrada comenzó a sangrar durante una misa.
Con el paso del tiempo, la festividad se extendió por toda Europa y posteriormente por América gracias a la expansión del cristianismo durante la época colonial.
El Corpus Christi celebra el misterio central de la fe católica: la Eucaristía. Para los creyentes, durante la consagración en la misa, el pan y el vino se transforman en el cuerpo y la sangre de Cristo. Esta doctrina, conocida como transubstanciación, fue definida formalmente por la Iglesia en la Edad Media y constituye uno de los pilares fundamentales del catolicismo.
La festividad busca reafirmar la fe en la presencia de Cristo en la Eucaristía, promover la adoración al Santísimo Sacramento, llevar la fe fuera de los templos mediante procesiones públicas y fortalecer la unidad de la comunidad cristiana.
Uno de los elementos más característicos es la procesión eucarística, en la que la hostia consagrada se transporta en una custodia adornada con metales preciosos y flores, acompañada por fieles, autoridades religiosas y música solemne.
El Corpus Christi se celebra sesenta días después del Domingo de Resurrección, normalmente un jueves, aunque en muchos países la celebración litúrgica y popular se traslada al domingo siguiente para facilitar la participación de los fieles. La fecha es móvil porque depende del calendario de la Semana Santa.
España posee algunas de las celebraciones más antiguas y espectaculares del Corpus Christi. La procesión de Toledo es una de las más famosas del mundo y en Galicia, especialmente en Ponteareas, se elaboran impresionantes alfombras florales artesanales que cubren las calles por donde pasa la procesión. Esta tradición ha sido reconocida internacionalmente por su valor artístico y cultural.
La importancia de la Eucaristía inspiró numerosas obras de arte a lo largo de la historia. Pintores, escultores y escritores representaron escenas relacionadas con la Última Cena, la adoración eucarística y las procesiones del Corpus Christi.
También surgieron representaciones teatrales religiosas llamadas autos sacramentales, especialmente populares durante el Siglo de Oro español.
Actualmente, muchas celebraciones del Corpus Christi son consideradas patrimonio cultural debido a su valor histórico y artístico. Más allá del aspecto religioso, estas festividades fortalecen la identidad colectiva y preservan tradiciones transmitidas durante generaciones.
El Corpus Christi es mucho más que una festividad religiosa. Representa siglos de historia, fe, arte y tradición popular. Su celebración une a comunidades enteras alrededor de expresiones culturales profundamente arraigadas y mantiene viva una de las solemnidades más significativas del cristianismo católico.
Las procesiones, alfombras florales, custodias y manifestaciones artísticas convierten esta fiesta en un patrimonio espiritual y cultural que continúa emocionando a millones de personas en todo el mundo.
Juan el Bautista es una de las figuras religiosas más importantes del siglo I ocupando un lugar central en el cristianismo, además de ser reconocido en el islam y mencionado por fuentes históricas judías. Es considerado el precursor de Jesucristo y el último de los grandes profetas antes del inicio del ministerio público de Jesús.
Vivió en el siglo I d.C., bajo el dominio del Imperio Romano en la región de Judea y Galilea gobernando entonces Herodes Antipas, hijo de Herodes el Grande, en época marcada por tensiones políticas, dominación extranjera y fuertes expectativas mesiánicas dentro del pueblo judío.
La principal fuente histórica no cristiana que menciona a Juan es el historiador judío Flavio Josefo, quien en su obra Antigüedades judías confirma su predicación, su popularidad y su ejecución por orden de Herodes Antipas.
Según el Evangelio de Lucas, Juan era hijo del sacerdote Zacarías y de Isabel, pariente de María, la madre de Jesús, siendo su nacimiento presentado como milagroso, ya que sus padres eran de edad avanzada. La tradición cristiana sitúa su nacimiento en Ein Karem, cerca de Jerusalén. Desde su juventud llevó una vida austera en el desierto de Judea.
Predicaba en el desierto un mensaje claro y directo: arrepentimiento y conversión, porque el Reino de Dios estaba cerca y su rito distintivo era el bautismo en el río Jordán como signo externo de purificación y cambio de vida.
Vestía de manera sencilla, con pelo de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba de langostas y miel silvestre. Su estilo recordaba al profeta Elías, lo que llevó a muchos a preguntarse si él mismo era el Mesías o el Elías esperado. El negó ser el Mesías y afirmó que preparaba el camino para alguien más grande que él.
Uno de los episodios más significativos de su vida es el bautismo de Jesús en el río Jordán. Según los Evangelios, en el bautizo se manifestó una teofanía: el Espíritu descendió en forma de paloma y se escuchó una voz del cielo declarando a Jesús como Hijo amado de Dios. Este momento marca el inicio del ministerio público del Mesías y subraya el papel de Juan como precursor.
Denunció públicamente el matrimonio de Herodes Antipas con Herodías, esposa de su hermano, por considerarlo contrario a la ley judía, lo cual provocó su arresto.
Según los Evangelios, durante una celebración, la hija de Herodías, tradicionalmente llamada Salomé, danzó ante Herodes y, aconsejada por su madre, pidió la cabeza del Bautista en una bandeja. Herodes, aunque reacio, ordenó su ejecución. La tradición la sitúa en la fortaleza de Maqueronte, alrededor del año 28-30 d.C.
En el cristianismo, Juan Bautista es el último profeta del Antiguo Testamento, el precursor inmediato de Cristo, modelo de humildad (“Es necesario que Él crezca y que yo disminuya”) y mártir de la verdad moral.
La Iglesia celebra su nacimiento el 24 de junio y su martirio el 29 de agosto y es patrono de numerosas ciudades y órdenes religiosas en todo el mundo.
San Juan Bautista ha sido representado innumerables veces en el arte occidental. Pintores como Leonardo da Vinci, Caravaggio y El Greco lo retrataron en diferentes etapas de su vida, especialmente como joven asceta en el desierto o como mártir.
Es una figura histórica y espiritual de enorme relevancia. Su vida austera, su mensaje profético y su valentía frente al poder político lo convierten en símbolo de coherencia moral y fidelidad a la verdad. Para el cristianismo, su misión fue esencial: preparar el camino para la llegada de Jesucristo, marcando la transición entre la antigua y la nueva alianza.
El mes de mayo ocupa un lugar especial en la tradición cristiana, especialmente dentro de la Iglesia católica, porque está dedicado de manera particular a la Virgen María, madre de Jesús. Durante este tiempo, millones de fieles alrededor del mundo expresan su amor y veneración hacia María mediante oraciones, procesiones, cantos, peregrinaciones y actos de caridad. Esta devoción no solo tiene un profundo significado religioso, sino también cultural y espiritual.
La relación entre el mes de mayo y la Virgen María se desarrolló gradualmente a lo largo de los siglos. En la antigüedad, mayo era considerado el mes de la primavera en muchas regiones de Europa, símbolo de vida, belleza y renovación. La Iglesia fue integrando estos símbolos naturales en la espiritualidad cristiana, asociando la pureza y la fecundidad de la primavera con las virtudes de María.
A partir de la Edad Media comenzaron a surgir celebraciones marianas durante mayo, pero fue especialmente entre los siglos XVII y XVIII cuando se consolidó la costumbre de dedicar todo el mes a la Madre de Dios. Desde entonces, parroquias, familias y comunidades católicas realizan prácticas devocionales conocidas como “las flores de mayo”, ofreciendo flores y oraciones a María como signo de amor y gratitud.
La Virgen María ocupa un lugar único dentro del cristianismo. Los creyentes la reconocemos como la mujer elegida por Dios para ser la madre de Jesucristo. Su figura representa humildad, obediencia, fe y entrega total a la voluntad divina.
En los Evangelios, María aparece acompañando a Jesús desde su nacimiento hasta su muerte en la cruz. También estuvo presente junto a los discípulos en Pentecostés, apoyando el nacimiento de la Iglesia. Por esta razón, los cristianos la consideramos madre espiritual de todos los creyentes.
La devoción mariana no significa adoración, ya que la adoración está reservada únicamente a Dios. Más bien, se trata de una veneración especial basada en el amor, el respeto y el reconocimiento de su papel en la historia de la salvación.
En numerosos países existen tradiciones populares dedicadas a María durante este mes. Algunas de las más comunes son: El rezo del rosario, las procesiones, las ofrendas florales, las peregrinaciones y las coronaciones de la Virgen, ceremonias en las que se coloca una corona sobre la imagen de María, reconociéndola como reina espiritual.
Estas prácticas fortalecen la vida comunitaria y ayudan a transmitir la fe de generación en generación.
La figura de María continúa inspirando a millones de personas por su ejemplo de sencillez y confianza en Dios. En tiempos de dificultad, los creyentes encontramos en ella consuelo, esperanza y fortaleza espiritual.
El mes de mayo invita especialmente a reflexionar sobre valores como el amor, la humildad, la solidaridad y la paz. La devoción mariana también impulsa a muchos cristianos a vivir con mayor compromiso hacia los demás, siguiendo el ejemplo de servicio que María mostró en su vida.
En definitiva, la devoción a la Virgen María durante el mes de mayo es una tradición profundamente arraigada en la espiritualidad cristiana. Más allá de las celebraciones externas, este tiempo representa una oportunidad para renovar la fe, fortalecer la oración y cultivar valores humanos y espirituales.
Mayo se convierte así en un mes de encuentro con María, quien para millones de creyentes sigue siendo símbolo de ternura, esperanza y guía en el camino de la vida cristiana.
Los mercedarios laicos de la Orden de la Merced, fundada por Pedro Nolasco en el siglo XIII para la redención de los cautivos cristianos, somos hijos bien queridos de la familia mercedaria.
Nuestra razón de ser no es otra que vivir el Evangelio en clave mercedaria y de ahí nuestro lema SER LIBRES PARA LIBERAR.
Contamos para ello con la plataforma inestimable de las Orden Tercera bajo la protección y guía de nuestra Madre de la Merced, lo que conlleva, por parte de la O.T de Poio, vinculada a la Comunidad Religiosa del Monasterio y Parroquia de San Juan, participar activamente en sus actividades además de las propias nuestras.
Mencionamos algunas: liturgia y culto en la iglesia, especialmente la misa sabatina y la de fin de mes; reuniones y encuentros de formación en el último sábado; campañas de solidaridad mercedaria y de acción religioso-social como la de Xaraiba en Combarro; convivencias y viajes recreativo-culturales; encuentro anual de todas la Juntas Directivas de la O.T de Galicia en enero y la general de todos los miembros en mayo…etc.
No podemos olvidar que para que para que nuestra melodía resuene armoniosamente procuramos afinar bien las voces en la Fiesta de la Merced y Santos de la Orden, así como en las más afines al Monasterio como San Juan, San Martiño, San José en el Pereiro, la Virgen del Rosario en Vilariño, Fátima y Virgen del Carmen en Campelo.
En la actualidad preside nuestra O.T de Poio María Josefa Piñeiro Muradás pudiéndose acudir a ella llamando al tfno. 663974248.
En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso: ¿Qué estáis dispuestos a darme si os lo entrego? Ellos se ajustaron con él en treinta monedas de plata. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.
El primer día de los Ácimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron ¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua? Él contestó: Id a la ciudad, a casa de quien vosotros sabéis, y decidle: El Maestro dice: mi hora está cerca; voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos. Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua.
Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían dijo: En verdad os digo que uno de vosotros me va a entregar. Ellos muy entristecidos, se pusieron a preguntarle uno tras otro ¿Soy yo acaso, Señor?. Él respondió: El que ha metido conmigo la mano en la fuente, ese me va a entregar. El Hijo del hombre se va como está escrito de él; pero, ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado!, ¡más le valdría a ese hombre no haber nacido!. Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar: ¿Soy yo acaso, Maestro?. Él respondió: Tú lo has dicho. Mientras comían, Jesús tomó pan y, después de pronunciar la bendición, lo partió, lo dio a los discípulos y les dijo: Tomad, comed: esto es mi cuerpo. Después tomó el cáliz, pronunció la acción de gracias y dijo: Bebed todos; porque esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados. Y os digo que desde ahora ya no beberé del fruto de la vid hasta el día que beba con vosotros el vino nuevo en el reino de mi Padre. Después de cantar el himno salieron para el monte de los Olivos. Entonces Jesús les dijo: Esta noche os vais a escandalizar todos por mi causa, porque está escrito: “Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas del rebaño”. Pero cuando resucite, iré delante de vosotros a Galilea. Pedro replicó: Aunque todos caigan por tu causa, yo jamás caeré. Jesús le dijo: En verdad te digo que esta noche, antes de que el gallo cante, me negarás tres veces. Pedro le replicó: Aunque tenga que morir contigo, no te negaré. Y lo mismo decían los demás discípulos. Entonces Jesús fue con ellos a un huerto, llamado Getsemaní, y dijo a los discípulos:Sentaos aquí, mientras voy allá a orar. Y llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a sentir tristeza y angustia. Entonces les dijo: Mi alma está triste hasta la muerte; quedaos aquí y velad conmigo. Y adelantándose un poco cayó rostro en tierra y oraba diciendo: Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz. Pero no se haga como yo quiero, sino como quieres tú. Y volvió a los discípulos y los encontró dormidos. Dijo a Pedro: ¿No habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad para no caer en la tentación, pues el espíritu está pronto, pero la carne es débil. De nuevo se apartó por segunda vez y oraba diciendo: Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad. Y viniendo otra vez, los encontró dormidos, porque sus ojos se cerraban de sueño. Dejándolos de nuevo, por tercera vez oraba repitiendo las mismas palabras.
Volvió a los discípulos, los encontró dormidos y les dijo: Ya podéis dormir y descansar. Mirad, está cerca la hora y el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos, vamos! Ya está cerca el que me entrega. Todavía estaba hablando, cuando apareció Judas, uno de los Doce, acompañado de un tropel de gente, con espadas y palos, enviado por los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. El traidor les había dado esta contraseña: Al que yo bese, ese es: prendedlo. Después se acercó a Jesús y le dijo: ¡Salve, Maestro!. Y lo besó. Pero Jesús le contestó: Amigo, ¿a qué vienes?. Entonces se acercaron a Jesús y le echaron mano y lo prendieron. Uno de los que estaban con él agarró la espada, la desenvainó y de un tajo le cortó la oreja al criado del sumo sacerdote. Jesús le dijo: Envaina la espada; que todos los que empuñan espada, a espada morirán. ¿Piensas tú que no puedo acudir a mi Padre? Él me mandaría enseguida más de doce legiones de ángeles. ¿Cómo se cumplirían entonces las Escrituras que dicen que esto tiene que pasar?. Entonces dijo Jesús a la gente: ¿Habéis salido a prenderme con espadas y palos como si fuera un bandido? A diario me sentaba en el templo a enseñar y, sin embargo, no me prendisteis. Pero todo esto ha sucedido para que se cumplieran las Escrituras de los profetas. En aquel momento todos los discípulos lo abandonaron y huyeron. Los que prendieron a Jesús lo condujeron a casa de Caifás, el sumo sacerdote, donde se habían reunido los escribas y los ancianos. Pedro lo seguía de lejos hasta el palacio del sumo sacerdote y, entrando dentro, se sentó con los criados para ver cómo terminaba aquello. Los sumos sacerdotes y el Sanedrín en pleno buscaban un falso testimonio contra Jesús para condenarlo a muerte y no lo encontraban, a pesar de los muchos falsos testigos que comparecían. Finalmente, comparecieron dos que declararon: Este ha dicho: Puedo destruir el templo de Dios y reconstruirlo en tres días. El sumo sacerdote se puso en pie y le dijo: ¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que presentan contra ti?. Pero Jesús callaba. Y el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios vivo a que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios. Jesús le respondió: Tú lo has dicho. Más aún, yo os digo: desde ahora veréis al Hijo del hombre sentado a la derecha del Poder y que viene sobre las nubes del cielo. Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras diciendo: Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la blasfemia. ¿Qué decidís?. Y ellos contestaron: Es reo de muerte. Entonces le escupieron a la cara y lo abofetearon; otros lo golpearon diciendo: Haz de profeta, Mesías; dinos quién te ha pegado. Pedro estaba sentado fuera en el patio y se le acercó una criada y le dijo: También tú estabas con Jesús el Galileo. Él lo negó delante de todos diciendo: No sé qué quieres decir. Y al salir al portal lo vio otra y dijo a los que estaban allí: Este estaba con Jesús el Nazareno. Otra vez negó él con juramento: No conozco a ese hombre. Poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro: Seguro; tú también eres de ellos, tu acento te delata. Entonces él se puso a echar maldiciones y a jurar diciendo: No conozco a ese hombre.Y enseguida cantó un gallo. Pedro se acordó de aquellas palabras de Jesús: Antes de que cante el gallo me negarás tres veces. Y saliendo afuera, lloró amargamente.
Al hacerse de día, todos los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo se reunieron para preparar la condena a muerte de Jesús. Y, atándolo, lo llevaron y lo entregaron a Pilato, el gobernador.
Entonces Judas, el traidor, viendo que lo habían condenado, se arrepintió y devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y ancianos diciendo: He pecado entregando sangre inocente. Pero ellos dijeron: ¿A nosotros qué? ¡Allá tú!. Él, arrojando las monedas de plata en el templo, se marchó; y fue y se ahorcó. Los sacerdotes, recogiendo las monedas de plata, dijeron: No es lícito echarlas en el arca de las ofrendas, porque son precio de sangre. Y, después de discutirlo, compraron con ellas el Campo del Alfarero para cementerio de forasteros. Por eso aquel campo se llama todavía Campo de Sangre. Así se cumplió lo dicho por medio del profeta Jeremías: Y tomaron las treinta monedas de plata, el precio de uno que fue tasado, según la tasa de los hijos de Israel, y pagaron con ellas el Campo del Alfarero, como me lo había ordenado el Señor. Jesús fue llevado ante el gobernador, y el gobernador le preguntó: ¿Eres tú el rey de los judíos?. Jesús respondió: Tú lo dices. Y, mientras lo acusaban, los sumos sacerdotes y los ancianos no contestaba nada. Entonces Pilato le preguntó: ¿No oyes cuántos cargos presentan contra ti?. Como no contestaba a ninguna pregunta, el gobernador estaba muy extrañado. Por la fiesta, el gobernador solía liberar un preso, el que la gente quisiera. Tenía entonces un preso famoso, llamado Barrabás. Cuando la gente acudió, dijo Pilato: ¿A quién queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, a quien llaman el Mesías?. Pues sabía que se lo habían entregado por envidia, Y, mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó a decir: No te metas con ese justo porque esta noche he sufrido mucho soñando con él. Pero los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. El gobernador preguntó: ¿A cuál de los dos queréis que os suelte? Ellos dijeron: A Barrabás. Pilato les preguntó: ¿Y qué hago con Jesús, llamado el Mesías?. Contestaron todos: Sea crucificado. Pilato insistió: Pues, ¿qué mal ha hecho?. Pero ellos gritaban más fuerte: ¡Sea crucificado!. Al ver Pilato que todo era inútil y que, al contrario, se estaba formando un tumulto, tomó agua y se lavó las manos ante la gente, diciendo: ¡Soy inocente de esta sangre. Allá vosotros!. Todo el pueblo contestó: ¡Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!.
Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran. Entonces los soldados del gobernador se llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la cohorte: lo desnudaron y le pusieron un manto de color púrpura y, trenzando una corona de espinas, se la ciñeron a la cabeza y le pusieron una caña en la mano derecha. Y, doblando ante él la rodilla, se burlaban de él diciendo: ¡Salve, rey de los judíos!. Luego le escupían, le quitaban la caña y le golpeaban con ella la cabeza. Y, terminada la burla, le quitaron el manto, le pusieron su ropa y lo llevaron a crucificar.
Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo forzaron a llevar su cruz. Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota, que quiere decir lugar de la Calavera, le dieron a beber vino mezclado con hiel; él lo probó, pero no quiso beberlo. Después de crucificarlo, se repartieron su ropa echándola a suertes y luego se sentaron a custodiarlo. Encima de la cabeza colocaron un letrero con la acusación: Este es Jesús, el rey de los judíos. Crucificaron con él a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda. Los que pasaban, lo injuriaban, y, meneando la cabeza, decían: Tú que destruyes el templo y lo reconstruyes en tres días, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, baja de la cruz. Igualmente los sumos sacerdotes con los escribas y los ancianos se burlaban también diciendo: A otros ha salvado y él no se puede salvar. ¡Es el Rey de Israel!, que baje ahora de la cruz y le creeremos. Confió en Dios, que lo libre si es que lo ama, pues dijo: Soy Hijo de Dios. De la misma manera los bandidos que estaban crucificados con él lo insultaban.
Desde la hora sexta hasta la hora nona vinieron tinieblas sobre toda la tierra. A la hora nona, Jesús gritó con voz potente: Elí, Elí, lemá sabaqtaní?. Es decir: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Al oírlo algunos de los que estaban allí dijeron: Está llamando a Elías. Enseguida uno de ellos fue corriendo, cogió una esponja empapada en vinagre y, sujetándola en una caña, le dio de beber. Los demás decían: Déjadlo, a ver si viene Elías a salvarlo. Jesús, gritando de nuevo con voz potente, exhaló el espíritu. Entonces el velo del templo se rasgó en dos de arriba abajo; la tierra tembló, las rocas se resquebrajaron, las tumbas se abrieron y muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron y, saliendo de las tumbas después que él resucitó, entraron en la ciudad santa y se aparecieron a muchos. El centurión y sus hombres, que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba, dijeron aterrorizados: Verdaderamente este era Hijo de Dios. Había allí muchas mujeres que miraban desde lejos, aquellas que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirlo; entre ellas, María la Magdalena y María, la madre de Santiago y José, y la madre de los hijos de Zebedeo.
Al anochecer llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que era también discípulo de Jesús. Este acudió a Pilato a pedirle el cuerpo de Jesús. Y Pilato mandó que se lo entregaran. José, tomando el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia, lo puso en su sepulcro nuevo que se había excavado en la roca, rodó una piedra grande a la entrada del sepulcro y se marchó. María la Magdalena y la otra María se quedaron allí sentadas enfrente del sepulcro.
A la mañana siguiente, pasado el día de la Preparación, acudieron en grupo los sumos sacerdotes y los fariseos a Pilato y le dijeron: Señor, nos hemos acordado de que aquel impostor estando en vida anunció: A los tres días resucitaré. Por eso ordena que vigilen el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vayan sus discípulos, se lleven el cuerpo y digan al pueblo:Ha resucitado de entre los muertos. La última impostura sería peor que la primera. Pilato contestó: Ahí tenéis la guardia: id vosotros y asegurad la vigilancia como sabéis. Ellos aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y colocando la guardia.
La Fiesta de la Luz o de la Candelaria es una de las celebraciones religiosas más significativas dentro del calendario litúrgico cristiano y una de las festividades con mayor arraigo cultural en España y sobre todo en diversos países de América Latina. Celebrada cada 2 de febrero, esta festividad conmemora un acontecimiento bíblico central en la tradición cristiana, al mismo tiempo que expresa un complejo proceso de sincretismo cultural entre la religión católica y las cosmovisiones de los pueblos originarios.
Su origen se encuentra en los relatos del Evangelio de Lucas donde se narra la presentación del Niño Jesús en el templo de Jerusalén y la purificación de la Virgen María, de acuerdo con las prescripciones de la ley mosaica. Este rito debía realizarse cuarenta días después del nacimiento de un varón primogénito, razón por la cual la festividad se celebra el 2 de febrero, cuarenta días después de la Navidad.
La celebración fue incorporada al calendario litúrgico cristiano entre los siglos IV y V, inicialmente en Oriente y posteriormente en Occidente. Uno de los elementos simbólicos más importantes es la bendición de las candelas, práctica que representa a Cristo como la luz que ilumina a la humanidad, simbolismo que adquirió gran relevancia en la religiosidad popular, convirtiéndose en un elemento central de la festividad.
Con la llegada de los colonizadores europeos a América, la Fiesta de la Candelaria fue introducida como parte del proceso de evangelización, sin embargo, lejos de imponerse de manera homogénea, la festividad se integró progresivamente a las tradiciones indígenas preexistentes, generando formas de celebración sincréticas.
En muchas culturas originarias, la luz, el fuego y los ciclos agrícolas tenían un profundo significado espiritual. Por esta razón, el simbolismo de las velas encontró un terreno propicio para su reinterpretación dentro de las cosmovisiones indígenas. La Fiesta de la Candelaria pasó así a relacionarse con rituales de fertilidad, agradecimiento por las cosechas y petición de prosperidad para el nuevo ciclo agrícola.
Más allá de su carácter religioso, la Fiesta de la Candelaria cumple funciones sociales y culturales de gran relevancia. Actúa como un espacio de encuentro comunitario, en el cual se refuerzan las identidades colectivas y se transmiten saberes tradicionales de generación en generación. La participación activa de la comunidad en la organización de la festividad demuestra su importancia como mecanismo de cohesión social.
Asimismo, la festividad contribuye a la preservación del patrimonio cultural inmaterial, al mantener vivas expresiones como la música, la danza, la vestimenta tradicional y la gastronomía. En este sentido, la Fiesta de la Candelaria se configura como un elemento clave para la continuidad de las tradiciones locales frente a los procesos de modernización y globalización.
La Fiesta de la Candelaria representa una manifestación compleja y significativa del sincretismo religioso y cultural en América Latina fundamentalmente. Su origen cristiano, combinado con elementos de las culturas originarias, ha dado lugar a una festividad rica en simbolismo y diversidad. A través de sus múltiples expresiones regionales, esta Fiesta continúa siendo un pilar fundamental de la vida religiosa, social y cultural de numerosas comunidades, reafirmando su vigencia y relevancia en el mundo contemporáneo.