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FESTIVIDAD DE LA ASCENSIÓN

Festividad de la ascensión de Jesús

 

 

 La Ascensión del Señor es una de las celebraciones más antiguas y significativas del calendario cristiano. Conmemora el momento en que Jesucristo, después de su resurrección, asciende al cielo ante sus discípulos. Más allá de ser un episodio narrado en los Evangelios y en los Hechos de los Apóstoles, la Ascensión posee una profunda dimensión teológica, simbólica y cultural que ha marcado la espiritualidad cristiana durante siglos.

 La base principal de esta festividad se encuentra en el libro de los Hechos de los Apóstoles. Según el relato, Cristo resucitado permaneció cuarenta días con sus discípulos enseñándoles acerca del Reino de Dios. Finalmente, en el Monte de los Olivos, fue elevado al cielo mientras los apóstoles observaban. El pasaje expresa: Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos.

 Los Evangelios de San Lucas y San Marcos también hacen referencia a este acontecimiento, aunque de manera más breve.

 La Ascensión ocurre cuarenta días después de la Pascua y diez días antes de Pentecostés. Ese intervalo de tiempo posee un fuerte simbolismo bíblico: el número cuarenta aparece repetidamente asociado a preparación, purificación y transición espiritual.

 Para la teología cristiana, la Ascensión representa la culminación de la misión terrenal de Jesús. Después de la encarnación, la pasión, la muerte y la resurrección, Cristo retorna al Padre en estado glorioso. No se entiende simplemente como un viaje físico al cielo, sino como la entrada definitiva de la humanidad de Cristo en la gloria divina.

 En la tradición cristiana, este acontecimiento confirma la victoria sobre la muerte, la divinidad de Cristo y la esperanza de salvación para la humanidad.

 Uno de los aspectos más profundos de la Ascensión es que la naturaleza humana es elevada junto con Cristo. Según la doctrina cristiana, Jesús no abandona su humanidad al ascender; por el contrario, la lleva consigo. Esto implica que la humanidad queda espiritualmente vinculada con Dios de una manera nueva y definitiva. Muchos teólogos consideran que la Ascensión es la afirmación de la dignidad trascendente del ser humano.

 La Ascensión también marca una transición: termina la presencia visible de Cristo y comienza la misión de los discípulos. Antes de ascender, Jesús pronuncia el llamado conocido como la gran misión: Id por todo el mundo y proclamad el Evangelio. Por ello, la fiesta no tiene un sentido de ausencia, sino de envío. La comunidad cristiana pasa de ser un grupo de seguidores a convertirse en testigo activo de la fe.

 La celebración de la Ascensión aparece ya en los primeros siglos del cristianismo. Existen testimonios de su conmemoración en el siglo IV, especialmente en Jerusalén y Constantinopla. Padres de la Iglesia como San Agustín de Hipona y San Juan Crisóstomo hablaron extensamente sobre esta solemnidad. Con el tiempo, la festividad se consolidó dentro del calendario litúrgico universal.

 En la tradición occidental se celebra el jueves de la sexta semana de Pascua, exactamente cuarenta días después del Domingo de Resurrección. Sin embargo, en muchos países se traslada al domingo siguiente para facilitar la participación de los fieles.

 En el mundo moderno, la Ascensión sigue planteando preguntas profundas sobre el sentido de la existencia humana: ¿Cuál es el destino último del ser humano? ¿Existe una dimensión trascendente de la vida? ¿Qué significa vivir entre la tierra y el cielo?

 La fiesta propone una visión esperanzadora: la humanidad no está destinada únicamente a lo material o efímero, sino abierta a una plenitud superior. En términos existenciales, la Ascensión puede interpretarse como: elevación de la conciencia, superación del sufrimiento, apertura al infinito y transformación interior.

 La Ascensión no es un final aislado. Prepara la llegada de Pentecostés, cuando el Espíritu Santo desciende sobre los discípulos. La secuencia litúrgica posee una lógica espiritual: la Pascua es la victoria sobre la muerte, la Ascensión la glorificación de Cristo y Pentecostés es el nacimiento de la Iglesia.

 Así, la Ascensión ocupa un lugar central dentro del ciclo pascual, es mucho más que el recuerdo de un episodio bíblico. Constituye una afirmación de esperanza, trascendencia y plenitud humana.

 Desde los primeros siglos del cristianismo hasta la actualidad, esta festividad ha expresado la convicción de que la existencia humana está llamada a algo más alto que lo puramente material.

 La Ascensión une cielo y tierra, historia y eternidad, ausencia y presencia. En ella, la tradición cristiana contempla no una despedida, sino una promesa: la posibilidad de que la humanidad participe de la gloria divina y encuentre un sentido último más allá de los límites visibles del mundo.