10 de Mayo de 2026
6º Domingo de Pascua - A
San Juan (14,15-21)
EVANGELIO
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque mora con vosotros y está en vosotros.
No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él.
REFLEXION
Jesús fue consecuente con lo que pensaba, sentía, vivía, con respecto al Padre y a nosotros. Abandono del propio ego por amor. El amor le plantea el porqué de la vida, el amor no es una exigencia, es la toma de una decisión en la que los demás no pueden ser ignorados y, la entrega es una puerta abierta a oportunidades, posibilidades, maneras de responder, de hacer, que no limitan, ni estrechan, todo lo contrario, son caminos de esperanza nuevos, horizonte que invita, que pareciendo entrar en la oscuridad, cuando el miedo o el temor se apodera de nosotros, se da el encuentro con la luz. Las exigencias internas del amor son sabiduría.
Cumplir los mandamientos no es obrar lo que está mandado, sino obrar porque entiendo, pienso, comprendo, concluyo y opto por lo más coherente, veraz, que se vive, se siente, como una exigencia que acepto, la hago mía y busca el bien para todos. Las cosas de Dios se entienden mejor desde y en la realidad de la comunidad.
Pero no somos perfectos y, por tanto, no siempre el resultado será lo que pensábamos o buscábamos… ¿Qué hacer? Aprender y dar gracias: Gracias, Señor, por las oportunidades para aprender, conocer, rectificar y mostrar el amor: ya sea con el perdón, ya sea con la gratitud. Ambos son regalos del amor.
3 de Mayo de 2026
5º. Domingo de Pascua - A
San Juan (14,1-12)
EVANGELIO
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.
Tomás le dice: Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?.
Jesús le responde: Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto.
Felipe le dice: Señor, muéstranos al Padre y nos basta.
Jesús le replica: Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: Muéstranos al Padre? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras.
En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores, porque yo me voy al Padre.
REFLEXIÓN
Jesús es quien nos revela el rostro auténtico de Dios: Yo soy el Camino y la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí. Cree en Dios no lo podemos separar de creer en Jesús. La unión de Jesús y el Padre es plena y total. Ver a Jesús es ver al Padre. Esta identificación profunda del Hijo y el Padre purifica las posibles representaciones de Dios que los seres humanos nos hayamos podido crear, distorsionadas por los miedos o condicionadas por la tradición cultural. Jesús es el Camino para llegar a Dios, quien nos coloca delante de la auténtica Verdad, el único que puede dar Vida.
Nadie va al Padre sino por él. Como cristianos al proclamar nuestra fe en Jesús resucitado, mostramos el rostro del Padre a la humanidad. La fe se hace universal, buena noticia para todos. En quien todo ser humano, independientemente de su religión, cultura o raza, se encuentra con un Dios que reúne las cualidades del Abba, del Padre de Jesús. En cuyas manos podemos poner nuestra vida, con la seguridad de que no quedaremos defraudados.
La resurrección del Jesús autentifica la imagen de Dios que nos había transmitido estando en este mundo. El Dios en quien creemos y confiamos lo podemos invocar como Padre nuestro, cuyo amor y misericordia alcanzan tanto al hijo menor que vuelve a casa después de malgastar la herencia en una vida libertina, como al hijo mayor cuyo rigorismo moral le impide reconocerlo como hermano. De gran bondad, que hace salir el sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Que es Providente con todos, incluso cuida las aves del cielo y los lirios del campo, para que nos entreguemos con confianza al Reino y su justica. Que no niega el Espíritu Santo a todo aquel que le pide ayuda en su necesidad, busca en él luz y consuelo, le llama en su dolor y angustia.
Homilias: Dominicos. org










